Pacto para la competitividad en Europa: ¿Una oportunidad para las generaciones futuras?

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Miguel Ángel Robles
Director General
Interban Network

Introducción.


Chincheta

Promovido por Alemania y Francia y en el marco del Consejo Europeo, se ha alcanzado este acuerdo que pone las premisas que deberán cumplir los estados miembros con el objetivo de aumentar la competitividad de cada estado y por ende de la Unión Europea.


Este pacto puede entenderse como una exigencia del eje franco-alemán por el apoyo que estos dos estados han prestado al resto de países por medio de la creación del fondo de rescate y su posterior ampliación dotacional. Este pacto está plenamente basado en los principios que llevaron a la creación de la propia Unión Europea, pues son los pilares para una nueva convergencia de los estados miembros. Si bien en el plano político el fracaso con la Constitución Europea ha dejado en evidencia y maltrecha a Europa, esta crisis, como aspecto positivo tal vez nos pueda dejar un nuevo marco de convergencia económica tan necesario como urgente para el Viejo Continente.


Si analizamos con pocas premisas y sin trasfondos políticos los principios de este pacto para la Competitividad o por Europa, como otros llaman, no podemos hacer otra cosa que ver con buenos ojos en su mayoría las propuestas realizadas, si bien se ve la mano de un país más industrializado y con más intereses industriales en la Unión que el resto de los países europeos, como es Alemania y por ende el vuelco en este pacto hacia la productividad y no hacia otros factores. Cuando los medios de comunicación pusieron su mirada en este gran pacto sólo transcendieron a la opinión pública los temas ligados a la productividad y más concretamente a los costes salariales, pero profundizando en el texto publicado, uno se da cuenta que hay un calado mucho más profundo e interesante que el de los costes salariales.


Este pacto quiere poner fin a la mal interpretada soberanía que algunos países miembros de la Unión querían mantener sobre el déficit público, la deuda del estado, los modelos educativos y los impuestos, mientras al mismo tiempo estos mismos estados predicaban por una Europa Única, apoyaban la Constitución Europea o pedían más fondos de cohesión.


Si bien es cierto que los principios de este gran Pacto para la Competitividad pueden ser el eje en el que se centre Europa en el medio plazo, en estos momentos las divergencias en las distintas economías de la Unión hacen muy difícil aplicar idénticas recetas a cada estado miembro. Alemania, principal impulsor de este pacto, disfruta de una salud que otros países, como es el caso de España, tienen maltrecha, y por mucho que la locomotora de la economía europea quiera que los demás sigan su ritmo, algunos arrastran un lastre que se lo impedirá.


Será necesario en algunos Estados, además de cumplir los objetivos de este pacto, marcarse algunas metas excepcionales que lleven por ejemplo como en el caso de España a crear los más de dos millones y medio de puestos de trabajo que se necesitan, o aumentar la inversión necesaria en Investigación y Desarrollo, para ser verdaderamente competitivos.


Si algo nos preguntamos en estos momentos en que en España la tasa de paro juvenil es de las más altas de Europa, es si este pacto será bueno o no para nuestros jóvenes, y estos podrán disfrutar de los futuros beneficios que puedan dar estas políticas de reducción del gasto y déficit público, convergencia impositiva, equiparación de títulos universitarios y de enseñanza profesional, indexación de salarios a productividad y ajuste del sistema de pensiones al desarrollo demográfico, como principales ejes de este pacto.


Si analizamos cada una de estas medidas, podemos observar que algunas de las mismas llevan sin remisión a un profundo cambio del hasta ahora conocido como el estado del bienestar, y es obvio que nos hará más pobres a las actuales generaciones y nos mermarán los derechos que pensábamos habíamos adquirido. La pregunta es si el esfuerzo que haremos revertirá en las futuras generaciones que tendrán que ocupar nuestro lugar. La respuesta está en el futuro reparto que de verdad se realice de este esfuerzo. Si el mismo viene únicamente a ampliar los beneficios de las grandes multinacionales, no revertirá para nada en nuestras futuras generaciones. Si, por el contrario, el esfuerzo es repartido de una manera justa, si tendrá un muy buen porqué.



Competitividad como factor clave en la creación de empleo.


Nuestro estado, nuestras empresas, deben ser más competitivas; no por la simple exigencia del mercado globalizado, sino porque la competitividad es el verdadero motor del crecimiento. España necesita crecer en el marco nacional e internacional para generar más empleo, y para mantener las hasta ahora conocidas como políticas sociales como elemento básico de una sociedad desarrollada.


En este pacto de competitividad, un punto determinante lo está marcando la indexación del crecimiento en los salarios a la productividad. ¿Podemos entender que esta medida favorezca el empleo? No cabe duda de que aquellas empresas cuya indexación en los salarios dependa del nivel de productividad, tendrán más facilidad en obtener mejores resultados empresariales. Siendo así, parece fácil relacionar estos resultados con la generación de empleo.

Grafico Lo que no es sostenible para la generación de empleo es que, en una fase de inflación elevada como en la que nos encontramos, los salarios sin más se indexen directamente al factor IPC, dado que la actual crisis provoca una contracción en los mercados y una incertidumbre que debe transcender de forma directa a todos los implicados en la cadena productiva y económica, sin la exclusión de empresarios, trabajadores, funcionarios, jubilados, etc. El reparto justo de la riqueza no pasa en un país con más de cuatro millones de parados, porque los beneficios de las grandes empresas se mantengan o crezcan o porque los empleados en activo independientemente de cómo este el país, su sector o su empresa, quieran ganar lo mismo.

Para crear empleo, y especialmente entre los más jóvenes, es necesario que nuestras empresas sean más competitivas en sus mercados, que crezcan en su actividad, y mantengan unos costes ajustados al factor precio de sus productos y servicios para que estos sean competitivos. Así, el propio impulso de crecimiento al ser competitivo dará paso a la generación de empleo. Pero insisto, sin el esfuerzo de los trabajadores ganando menos, sin los empresarios obteniendo menos beneficios y sin el estado ajustando sus costes para tener la necesidad de recabar menos impuestos, no se podrá lograr.

 


Estabilidad en las finanzas públicas, ¿Pérdida de empleo público?.


Otro de los objetivos que marca este gran pacto es el de la estabilidad en las finanzas públicas de los estados de la Unión Europea. En este sentido, y en virtud de intentar mantener una política coherente con la petición de ajuste que se realiza a empresarios, trabajadores y las clases pasivas, los estados deberán también subirse a este carro de la competitividad y ajustar sus cuentas a la actual situación. España juega esta partida con muy malas cartas: Comunidades Autónomas y Ayuntamientos son un lastre en la competitividad de la Administración. No nos quedará más remedio que hacer una importante revisión del modelo organizativo de nuestro Estado, para intentar evitar dobles competencias, ineficiencias y examinar qué es y qué no es imprescindible para el óptimo funcionamiento de nuestra administración. Reducir el gasto y el déficit debe ser la meta, pero en este desarrollo ¿qué papel juega el empleo público?.

 
La renovación de la plantilla y la ampliación de funcionarios en la actual estructura administrativa, han sido importantes motores en la generación de empleo y de acceso de jóvenes al mercado laboral. Ahora, con esta contención del gasto público, es seguro que se reducirá de igual forma la contratación de personal por las administraciones, lo que dejará a nuestras próximas generaciones sin una importante salida profesional que nosotros tuvimos.


Para intentar mitigar ésta segura pérdida de creación de empleo para nuestras futuras generaciones, será muy importante que los sistemas educativos sufran una importante modificación en sus orientaciones. No nos harán falta más funcionarios administrativos, de esos que ponen sellos, archivan expedientes, atienden ventanillas, etc. Las nuevas tecnologías, así como los sistemas organizacionales y de productividad que deberán aplicar las administraciones para ser más competitivas, deberán favorecer la menor necesidad de este tipo de empleo público. Pero, ¿qué pasará con los empleos públicos asistenciales? El envejecimiento de nuestra población determinará la necesidad a futuro de más empleo asistencial en todas sus modalidades. Para esto, debemos hacer desde estos momentos una planificación de los sistemas educativos, potenciando en todo lo que podamos la ejecución de planes educativos que den buenos profesionales orientados a este sistema asistencial.



Movilidad de los trabajadores en Europa. Un camino marcado para las futuras generaciones.


Otro de los aspectos más destacados en este pacto para la competitividad es la predisposición del mismo para obtener una equiparación a nivel Europeo de los diplomas de educación y las clasificaciones profesionales.

En un país como España, en el que las reformas educativas han estado a la orden del día en las últimas décadas, y en que la politización de los sistemas ha perjudicado el nivel de nuestra educación, se hace más que necesario el tener en este referente Europeo un marco a seguir.

El objetivo de este elemento de convergencia educativa europea no es otro que el de facilitar la movilidad de los trabajadores en nuestro continente, aspecto fundamental para poder reforzar los desequilibrios de empleo que puedan surgir en cada uno de los estados. En este sentido, este pacto para la competitividad abre una puerta de esperanza a los jóvenes de nuestro país. España tiene una gran dificultad para ofrecer un primer empleo a los jóvenes, y en muchas ocasiones el empleo juvenil que pueda generarse en España estará lejos de la orientación educativa que habremos dado a estos jóvenes.

Ordenador

Si somos europeístas, debemos serlo para todo, y esos falsos patriotismos de que nuestro país se quedará sin el talento y el conocimiento necesario si nuestros jóvenes salen a trabajar hacia Europa, es hacer un flaco favor a su futuro. La mejora en las comunicaciones de toda índole, unido a los factores de globalidad hacen mucho menos traumáticas las emigraciones a países Europeos de los españoles que en el siglo pasado.


Si bien es cierto que pagar educación superior para que luego los ciudadanos abandonen nuestro país tiene un coste elevado y nos hace perder competitividad, es igual de cierto que más vale esta situación migratoria que asumir este mismo coste para que luego no puedan desarrollar su carrera profesional por falta de salidas profesionales. La emigración es y será un camino que deja menor frustración.



Ajustes de los sistemas de pensiones al desarrollo demográfico y el relevo generacional.


Uno de los puntos más lógicos del pacto hace referencia a los ajustes en pensiones para adaptarlos al desarrollo demográfico, cuestión que por mucho que se quiera discutir, no deja sitio a la especulación de ningún tipo por el cambio sufrido en este aspecto debido al envejecimiento de la población en Europa. No obstante la propuesta realizada por Ángela Merkel al respecto debería de ser matizada, pues es bien distinta la situación de paro entre España y Alemania, lo que provoca que este ajuste en el sistema de pensiones debamos hacerlo los españoles desde otra óptica distinta a la de los alemanes. Una de las vías de descenso del paro viene por el relevo generacional en los puestos de trabajo, por lo que un aumento paulatino de la edad de jubilación conseguirá un efecto nocivo para el paro juvenil, al ser un freno en las políticas de relevo. Por eso, la vía a seguir en nuestro país no puede ser únicamente la referida al aumento de la edad de jubilación, y más bien en el corto plazo sería conveniente incluso la reorganización del sistema para incrementar en algunos sectores de actividad un contrato de relevo que permitiera la jubilación a trabajadores con muchos años de cotización, y el acceso de los jóvenes a puestos de trabajo.


Lo cierto es que seguir por la vía del aumento en la edad de jubilación en lugar del incremento de las cotizaciones a la seguridad social puede ser muy nocivo, dado que nuestra tasa de paro es muy elevada.

Dentro del empobrecimiento de todos, por desgracia, no podremos dejar fuera a nuestros mayores. Ese es un problema que, en nuestro país, con el nivel económico de muchas de nuestras pensiones, tendrá que ser tratado con sumo cuidado, aplicando tal vez experiencias que ya han puesto en marcha en otros países europeos realizando un incremento impositivo a las pensiones más elevadas.


Todo apunta a que este pacto por la competitividad en Europa puede ser una oportunidad para las generaciones futuras en España, pero será determinante que junto a él se tomen las medidas estructurales necesarias en nuestro país.Todo pasará por facilitar el acceso a los jóvenes al empleo y definir políticas restrictivas del gasto en todo aquello que podamos considerar no imprescindible para cubrir las necesidades básicas en materia social y sanitaria.


El equilibrio entre la austeridad y la inversión para fomentar el empleo necesario será la tarea de los políticos en los próximos años. Este equilibrio, junto con el cumplimiento de los puntos de este pacto, llevarán a nuestro país al crecimiento y la generación de empleo.


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