Las personas, la única ventaja competitiva

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Alejandro Roca
Control de Gestión
Grupo Obinesa

 

ajedrez


"La gente no se va de las empresas, se va de los jefes" Tom Peters con gran acierto. Multitud de investigaciones lo certifican y los resultados son abrumadores: el comportamiento directivo tiene un impacto del 70% en la rotación no deseada; de entre un 70-80% en el clima laboral; de un 90% en el aprendizaje en el trabajo.


Hace unos años, mas por pose que por tenerlo interiorizado, los directivos, gurús y "intangibles de gestión" compañía. Nos olvidábamos entonces de la consideración de las personas como un recurso a gestionar, huyendo de esa visión taylorista que amenaza seriamente con reaparecer en la situación actual.


Todos los estudios refrendaban entonces que los intangibles de gestión, desde la cultura a las competencias, marcan más que nunca la diferencia. Las actitudes determinan los resultados financieros... y no al revés. Quizás la realidad nos haya demostrado que dicha filosofía no estaba realmente interiorizada, y que cualquier esfuerzo en desarrollo del talento era fruto más de la abundancia financiera que de una creencia realmente íntima.


¿Cuántas veces hemos visto u oído hablar de la palabra líder? Daba igual que estuviéramos en etapas de crecimiento o recesión, pero su uso en exceso la ha desgastado tremendamente. Ese abuso, nos obliga a reflexionar sobre lo que realmente quiere decir, donde reside la esencia del mismo y sobretodo su papel clave en la situación actual.

El liderazgo personal parte de atributos en el ámbito humano de las personas. Los lideres son
personas ejemplares, exigentes con quien tienen a su alrededor, pero también consigo mismas; curiosas, constantes, humildes y capaces de entusiasmar a los demás. No son una suerte de Superman, a veces son personas totalmente normales. Su impacto en la empresa va mucho más allá de las funciones previstas en su puesto. Y sobre todo, tienen una visión, con forma de pasión, que son capaces de transmitir a su equipo manteniendo un compromiso más allá de la relación estrictamente jerárquica y sobretodo de la situación que pueda atravesar la empresa o la economía.


Podríamos abrir el debate eterno acerca de si el liderazgo es innato o no. El líder en cierta manera nace, ya que buena parte de sus competencias base están dentro del ámbito de lo que se denomina Inteligencia Emocional, pero eso no implica que éstas no sean desarrollables desde el autoaprendizaje o la formación. Hay determinadas habilidades que creo difícilmente desarrollables, siendo su práctica o uso contra natura muy forzado. Eso sí, en situaciones de adversidad, además de ser clave, se crece y muestra en todo su esplendor.

Los líderes han de ser íntegros, la ética nunca es opcional. Se debe practicar con el ejemplo, manteniendo la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. La autoconfianza, la ilusión, la capacidad de escuchar, la visión, la humildad, y por qué no, el sentido del humor, son los pilares del liderazgo. Todas ellas son competencias basadas en la personalidad, dejando en un segundo plano los conocimientos técnicos, que son de gran importancia pero que pueden quedarse obsoletos con el tiempo y además son  fácilmente aprehensibles. Los mejores líderes no son los que más preparados están profesionalmente, sino los que más cualidades tienen para poder gestionarse a sí mismos y a su equipo. No olvidemos, que aunque parezca paradójico, el liderazgo es una cualidad que da el equipo, ya que está en la percepción de los liderados. Es una autoridad moral que nada tiene que ver con el poder formal. Un líder puede no ser jefe y viceversa, pero no hay líder sin equipo.

Liderar equipos es liberar, es influir sobre el equipo para que dé lo mejor de sí mismo desde un espíritu de servicio, crear una atmósfera donde el talento de los colaboradores pueda florecer. Cuando el talento individual y colectivo se pretende controlar, imponer y acotar, queda reducido a su mínima expresión, al pago por obediencia. Pero cuando se impulsa el equipo desde la humildad, la integridad y el respeto, desde una vocación de servicio, éste consigue cotas insospechadas. Las empresas deben invertir en la formación de todos los empleados, pero sobre todo en la capacitación de aquellos que tienen responsabilidad sobre otras personas.

La misión del líder consiste en entusiasmar a sus colaboradores para conseguir de cada uno de ellos lo mejor. Se trata de comunicar claramente la  estrategia (rumbo y destino) con el foco y precisión suficientes para que cada uno de los colaboradores asuma de forma comprometida su contribución al proyecto. La capacidad de comunicarse, transmitir y escuchar, dan como resultado un buen equipo. Sólo así podremos generar entusiasmo, tratando a cada persona de forma diferente porque todo el mundo es diferente, buscando la adecuación más exacta entre cada empleado y su puesto de trabajo. La diversidad dentro del equipo es necesaria, una diversidad complementaria que genera un equilibrio consiguiendo que el resultado del equipo sea mayor que la suma de sus individua que nos saque de nuestra zona de confort, potenciando esa diversidad y porque no, la discrepancia.

La actitud proactiva al cambio y la gestión del mismo es una de las tareas más complicadas del liderazgo por la tendencia de cualquier organización pero sobre todo de las que se creen el ombligo del mundo- a seguir haciendo las cosas como hasta ahora. El líder debe practicar un examen continuo que permita una "evolución callada y seria", realista y ambiciosa al mismo tiempo. Hay que reinventarse permanentemente, todo se mueve en el entorno empresarial, y los equipos deberían hacerlo de la misma manera.

 

Caballero

Uno de los fallos más comunes entre los directivos españoles se produce a la hora de delegar. Al no delegar, se frena el desarrollo natural de las personas que están a su alrededor. La gente suele ajustar su rendimiento a lo que los demás esperan de ellos. En otras palabras: la gente responde al nivel de confianza que se les muestra.

En una época de escasez de talento, el liderazgo es la mejor garantía de retención del mismo. Los líderes se convierten en catadores de talento, que sepan atender a lo que marca la diferencia a la hora de detectarlo y con habilidades para poder gestionarlo y retenerlo.

Pero, ¿qué es el talento? Dave Ulrich, investigador de la Universidad de Michigan define el talento de una manera clara y sencilla, como "capacidad por compromiso". El talento ha de encontrarse en cualquier empleado de la compañía y a cualquier nivel. Es esa mezcla entre lo que sabe hacer y su implicación a la hora de hacerlo. En el momento que falla alguno de estos ingredientes, la ecuación falla.

La empresa depende de una manera total de su capacidad de selección, captación y retención de su gente. La selección de personas es por lo tanto, tan estratégica como el mismo negocio. Pero una cosa es seleccionar lo mejor de lo que te viene y otra cosa es buscar lo mejor de lo que existe. La empresa debe acudir a las fuentes de talento y
ser muy innovadora a la hora de presentarse. Lo importante es captar ese talento para después encargarse de cuidarlo. El compromiso, es un fuego que conviene alimentar.

Hay que proteger ese esfuerzo que se ha realizado en la selección, vinculando emocionalmente al talento captado mediante una identidad propia, marca atractiva, clima laboral, un proyecto profesional, yendo esto mucho más allá de la remuneración económica. Si nos apoyamos única y exclusivamente en ésta última, acabaremos teniendo mercenarios en la empresa. La retribución no es un elemento motivador sino más bien un elemento que desmotiva cuando existe una falta de equidad tanto interna (dentro de la empresa) como externa (en comparación con el mercado). Pero la equidad no significa igualdad. Si la empresa no diferencia a las personas en función de su aportación, se arriesga mucho a perder a aquellas que aportan más valor. El que
más aporta, el que más genera, es el que más debe percibir. La diferencia de productividad entre los mejores y los promedio se sitúa en la actualidad, según estudios en torno al 300%.


Aunque la retención del talento es un factor clave en cualquier organización, la rotación se convierte en cierta manera, en algo saludable y necesario. La rotación oxigena, aporta nuevos puntos de vista, enriqueciendo el entorno empresarial. Si es no deseada, tal y como apuntábamos al principio en buena parte por los jefes directos, conviene tomar medidas ya que puede que los efectos sean desastrosos.


La motivación se ha considerado también como uno de los factores clave para la retención del talento. Tenemos que tener en cuenta que nadie puede motivar a nadie, los líderes deberían, mediante lo que hacen (o no hacen) y lo que dicen (o no dicen) crear un clima en el que los empleados se motiven fácilmente. Muchas veces sería suficiente con que no desmotivaran. Cada persona tiene que buscar la motivación en su propio trabajo y no en su jefe, sólo les deberíamos pedir que nos dejaran en paz para poder trabajar.


El liderazgo por todo esto, se convierte en un factor clave para cualquier organización. Afecta a todos los niveles, desde Directores Generales, hasta el último nivel de responsabilidad jerárquica, no siendo responsabilidad exclusiva de los departamentos de Recursos Humanos. La toma de conciencia de la importancia del mismo es el punto de partida.


La capacidad de visión a largo plazo del líder es imprescindible, pero desde el presente. La diferencia entre un gestor y un líder está en que éste ve y actúa con la vista puesta en el futuro. No hay que trabajar para el jefe, hay que trabajar para esa visión, y en definitiva, para la empresa. Los colaboradores necesitan saber lo que están construyendo entre todos.


Todo lo que ocurre en las empresas, gobiernos o incluso en la economía depende de personas, de sus actitudes, de sus motivaciones, preparación, iniciativa o visión. En prácticamente la totalidad de los sectores productivos, el acceso a medios de producción, materias primas, instalaciones es igual para todas las empresas. La diferencia la marca por lo tanto el equipo con el que cuenta. Desde el gestor, que con una visión clara transmite confianza e ilusión al equipo más allá de la situación económica. Esta es la motivación que todos los trabajadores necesitan a día de hoy, saber que existe un rumbo, un líder con inquebrantable pasión para seguirlo y que transmite esa confianza y tranquilidad tan necesaria. Su responsabilidad de cara a
rodearse de un equipo directivo excelente, que permita trasladar todo esto hasta el estos momentos.


La selección, retención y cuidado con mimo de las personas no es que se convierta en un objetivo prioritario, sino que es el único objetivo. El resto es siempre consecuencia de esto último.


No son las finanzas, no es el marketing, no es la logística..... Son las personas.


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