La mejora continua

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Salvador Minguijón
Impulso Coaching de Negocios S.L.
Delegado Zaragoza

 


Johannes Vietze

Tras la segunda guerra mundial Japón se convirtió en el proveedor de mano de obra barata de los EEUU. Prácticamente toda su estructura productiva había sido destruida y las empresas que emergieron, con fuertes vínculos con Norteamérica, sacaban provecho de la cultura del respeto a la jerarquía firmemente arraigada en la sociedad japonesa. 

20 años después, los juegos olímpicos de Tokio fueron la oportunidad para demostrar al mundo que Japón estaba en la cresta de la ola de la innovación y la productividad. 

Hasta ese momento el desarrollo de Japón se achacaba a una especial habilidad para “copiar” pero esto no encajaba con una línea de ferrocarril que en 1964 circulaba a 250 km/hora,  alardes como la transmisión de TV en directo y  color, repeticiones a cámara lenta y unas inversiones similares a lo que ahora serian 16.000 millones de dólares. Después de Tokio las olimpiadas serían otra cosa… 

En gran manera el culpable de todo esto fue Edward Deming. Una invitación a impartir unas conferencias en 1950 y, sobre todo,  la actitud de su audiencia japonesa desencadenarían la “tercera revolución industrial”.

Deming llevo en sus maletas muchas técnicas estadística, que eran realmente su especialidad, pero también el sencillo concepto de Shewhart que actualmente llamamos “ciclo de Deming” y que constituyo la semilla de la mejora continua que adoptaron entusiasmados miles de directivos japoneses. 

Básicamente el concepto es que la mejora continua se produce como consecuencia de una secuencia de actividades que se repiten de forma cíclica, estas actividades son:

  • Plan: Planificar que es lo que vamos a hacer, cuando,  como, quién y  qué resultados esperamos obtener.
     
  • Do: Ejecutar las acciones planificadas, tomando las medidas correctoras oportunas y recopilando información de lo que va sucediendo.
     
  • Check: Contrastar lo alcanzado con lo que se pretendía. Analizar los resultados para aprender tanto de nuestros aciertos como de nuestros errores.
     
  • Act: En base a los resultados obtenidos plantear una nueva batería de acciones posibles, elegirlas y… volver a planificar su ejecución.

La repetición de este ciclo nos hace subir por la rampa de la mejora y permite a la empresa obtener mejores resultados permanentemente. 

Ahora bien, ¿quién no ha sufrido la desagradable sensación de haber luchado para implantar una mejora y darse cuenta, un año después, de que lleva meses sin respetarse? 

Para evitar estos retrocesos Shewhart proponía estandarizar el proceso, es decir protocolarizarlo de tal manera que se incorporase al “sistema” y constituyese la cuña que evita perder lo que hemos alcanzado. 

Mi experiencia es que en la mayoría de los casos es suficiente con tener un sistema de control capaz de medir el logro alcanzado y crearse el hábito de vigilar este parámetro periódicamente. 

Es muy difícil que dejemos de hacer cosas que nos producen resultados si estamos vigilando los mismos sistemáticamente. 

En resumidas cuentas;  “el milagro de la planificación” es lo que nos permite construir el futuro que deseamos y dejar de tener la sensación de que nos arrastran las circunstancias…


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