Humanidades y empresa. Una senda de futuro

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Pedro Mari Sánchez
Actor. Director
Fundador de Excelencia de la Palabra y creador del método “la articulación de la palabra”

 


Antes que nada: toda empresa es un ejercicio de imaginación, que es una cualidad destacada y -que sepamos por el momento- específica del ser humano. Viene esto a cuento de la tan nombrada pero desconocida materia de comunicar con eficacia, frase repetida con la que solemos ver anunciados innumerables talleres y seminarios por todo el país.

Sin embargo, creo oportuno llamar la atención sobre varios aspectos que suelen pasar inadvertidos o, más bien, sobre los cuales se tiene una idea verdaderamente pobre y deformada y que, sin embargo, tienen influencia y repercusión directa en el desarrollo adecuado de nuestras empresas.

Las Humanidades son –injustamente- consideradas carreras menores. Pero es un hecho cierto y comprobado que las empresas más avanzadas, las que están transformando la realidad empresarial en el mundo, son aquellas que contemplan las Humanidades y, más específicamente, las capacidades comunicativas presenciales, las habilidades para trabajar en equipo, como algo estructural, en lugar de asumirlas como herramientas de una determinada utilidad para, en el mejor caso, presidentes, o consejeros delegados.

Si una empresa es, antes de materializarse, un ejercicio de imaginación y ésta es una cualidad humana y los humanos tenemos la necesidad de comunicarnos, es éste un campo al que debemos prestar la máxima atención, tiempo y recursos cuando montamos una empresa. Hasta aquí podríamos coincidir la mayoría, incluso aquellos que todavía no son muy conscientes del papel que este asunto juega en todo ello.

Lo que ya resulta más complicado es encontrar quienes se den cuenta de la enorme carencia que tenemos, no ya los empresarios, sino el país en su conjunto, en eso de hablar adecuadamente con y ante los demás.

No me refiero únicamente a emplear las palabras y argumentos más adecuados. Hablo de la articulación, de la verbalización, en sí misma, de esas palabras, de ese discurso.

Esto es así porque creemos que, por el hecho de haber automatizado, de niños, el proceso del habla, dominamos esta materia cuando, en realidad, somos como músicos que, ante una partitura maravillosa que han creado especialmente para nosotros, no sabemos afinar, ni tenemos sentido del ritmo, del silencio, de la respiración.  El resultado del concierto es previsible.

El mejor discurso desaparece si no está bien dicho. Esta frase la repito, casi como un mantra, allá por donde voy y es que aprender a hablar con conocimiento de causa, formalmente bien, influye tanto interna como externamente en las empresas. El empobrecimiento de la oralidad conlleva un empobrecimiento mismo del mundo.  Y lo cierto es que, salvo contadas excepciones, no sabemos expresarnos en público. No sabemos hacerlo un como individuos, ni como colectivo o como empresa: no sabemos vendernos –finalmente- como país.

El aprendizaje de una verbalización lógica y cultivada, formal y conceptualmente, coloca y centra nuestra gestualidad, nuestra voz, aumenta nuestra confianza y autoestima, desarrolla nuestras capacidades de liderazgo, favorece el sentido y capacidad del trabajo en equipo. Nos transforma por completo y tiene, como las ondas que se producen en un lago al tirar una piedra sobre la superficie, efectos tan positivos -cuando se realiza- como negativos en el caso de no hacerlo.

Decía Hermes Trimegisto: como arriba es abajo y, como abajo, es arriba. Reflexionemos un momento acerca de este axioma hermético y su aplicación práctica. Considerar esta materia como algo estructural en una empresa es construir un proyecto con verdaderas posibilidades de desarrollo. Hay que aplicar una nueva forma de pensar la empresa.

Crear entornos de imaginación, atractivos, de comunicación fácil, no solo hace más fluidas las reuniones de equipos para sacar adelante esta o aquella directiva. Además de mejorarlas sustancialmente y optimizar los procesos de creación, desarrollo y puesta en el mercado de cualquier producto, hace que las personas sean más felices y esto, ya está demostrado, aumenta nuestra productividad y nos fideliza a un proyecto empresarial.

Las empresas tienen su marca, su relato, al que quieren ligar el de las personas que van a formar parte de sus equipos. Esta es una realidad que crece exponencialmente. Valorar las Humanidades e incorporarlas al proyecto empresarial forma parte de ese nuevo escenario que tenemos ante nosotros. Hay que crear una cultura de empresa. Para gestionar la tecnología las cualidades humanistas son imprescindibles. El habla es insustituible en un modelo de comunicación que no se puede quedar en la mera transmisión de datos. Ser eficiente como empresa pasa por esta transformación. Y también su futuro.


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